Educación vial: tu hijo aprende de vos
La educación vial no empieza cuando un niño aprende a cruzar solo una calle. Empieza mucho antes: cada vez que nos ve actuar como adultos responsables.
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| Educación vial: tu hijo aprende de vos |
Cuando hablamos de educación vial, muchas veces pensamos en señales de tránsito, semáforos, cruces peatonales o normas que deben aprenderse en la escuela. Pero para los niños, la educación vial comienza mucho antes y tiene un escenario cotidiano: su propia familia.
Un niño aprende observando. Aprende cuando nos ponemos el cinturón de seguridad antes de arrancar el auto, cuando respetamos un semáforo, cuando esperamos para cruzar y cuando dejamos el celular mientras manejamos. También aprende cuando hacemos exactamente lo contrario.
Por eso, hablar de educación vial infantil es hablar de prevención y de cuidado de la salud.
Los niños no pueden decidir por sí solos cómo trasladarse
Durante los primeros años de vida, los niños dependen completamente de los adultos para desplazarse de manera segura. Su menor desarrollo físico y cognitivo y su falta de autonomía los hacen especialmente vulnerables frente a los siniestros viales.
Esto significa que muchas decisiones importantes están en nuestras manos.
Un niño no elige si viaja correctamente sujeto. Un adulto sí.
En el automóvil, los menores deben viajar en el asiento trasero utilizando el sistema de retención infantil adecuado a su tamaño y peso, hasta que el cinturón de seguridad pueda ajustarse correctamente a su cuerpo. La sujeción adecuada disminuye considerablemente el riesgo de lesiones graves y fatales.
Y hay algo todavía más importante: no alcanza con tener una sillita en el auto. Debe ser adecuada, estar correctamente instalada y utilizarse siempre.
Lo mismo ocurre con el casco. Cuando un niño se traslada en bicicleta, moto o utiliza otros medios de movilidad que requieren protección, el casco adecuado y correctamente colocado puede reducir la gravedad de los traumatismos.
La educación vial también se enseña caminando
No todo ocurre dentro de un vehículo.
Enseñar a un niño a detenerse antes de cruzar, mirar hacia ambos lados, utilizar la senda peatonal y respetar los semáforos forma parte de una educación que necesita repetición y acompañamiento adulto.
Pero nuevamente aparece nuestro ejemplo.
No podemos pedirle a un niño que respete una norma que nosotros incumplimos delante suyo.
Si cruzamos por cualquier lugar porque “no viene ningún auto”, si miramos el teléfono mientras caminamos o si llevamos adelante una conducta riesgosa porque tenemos apuro, también estamos enseñando.
La infancia aprende muchísimo más de lo que hacemos que de lo que decimos.
La seguridad vial no es exageración
A veces ciertas medidas de protección se consideran innecesarias para trayectos cortos: “son solo unas cuadras”, “vamos despacio”, “no pasa nada”, “es acá nomás”.
Pero un siniestro vial no avisa cuándo va a ocurrir.
El cinturón, el sistema de retención infantil y el casco no están para cuando pensamos que algo puede suceder. Están precisamente para proteger cuando sucede lo inesperado.
Desde la pediatría, prevenir lesiones también es cuidar la salud.
Por eso, este 5 de octubre, Día Internacional de la Educación Vial, podemos aprovechar la fecha para revisar algo mucho más cercano que las señales de tránsito: nuestras propias conductas.
Porque educar en seguridad vial no consiste solamente en enseñarle a un niño cómo cruzar una calle.
Consiste en enseñarle, desde pequeño, que su vida merece ser cuidada.
Y esa enseñanza comienza con nosotros.
La mejor educación vial que podemos darle a nuestros hijos es aquella que pueden ver todos los días en casa.

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