UPD: lo que toda familia debe saber antes del “Último Primer Día”
Inicio de clases en Tucumán: riesgos reales, límites necesarios y cómo acompañar sin mirar para otro lado.

UPD: lo que toda familia debe saber antes del “Último Primer Día”
La próxima semana comienzan las clases en Tucumán y, como cada año, en la previa al inicio de un nuevo ciclo lectivo se instala el llamado UPD (Último Primer Día). Una práctica que muchos adolescentes viven como “tradición”, pero que en realidad implica conductas de alto riesgo: consumo excesivo de alcohol, privación de sueño y exposición innecesaria en la vía pública y en redes sociales.
Como médica pediatra, el mensaje es claro: no es una celebración inocente. Es una situación que exige presencia adulta, límites firmes y diálogo sincero..
¿Qué es el UPD y por qué preocupa?
El UPD suele organizarse la noche previa al inicio del último año del secundario. Se promueve como un ritual de despedida, pero en la práctica muchas veces se convierte en:
- Consumo agudo y excesivo de alcohol (binge drinking).
- Falta total de descanso antes del primer día de clases.
- Exposición a situaciones de violencia, accidentes o intoxicaciones.
- Viralización de imágenes que pueden afectar la reputación futura.
El cerebro adolescente aún está en desarrollo. El alcohol impacta directamente en áreas vinculadas al juicio, el control de impulsos y la toma de decisiones. Minimizarlo como “una noche más” es desconocer evidencia científica sólida.
Riesgos médicos concretos
No se trata de moralizar. Se trata de salud.
Entre los riesgos más frecuentes observados en guardias pediátricas y clínicas están:
- Intoxicación alcohólica aguda, que puede requerir internación.
- Vómitos con riesgo de broncoaspiración.
- Deshidratación severa.
- Accidentes de tránsito.
- Conductas sexuales sin protección.
Además, iniciar el ciclo lectivo en estado de agotamiento extremo afecta la capacidad de atención, el rendimiento académico y el vínculo con docentes.
El rol de la familia: presencia, no permisividad
Muchos padres sienten presión social: “todos van”, “es una vez en la vida”, “si no va, queda afuera”. Pero educar implica sostener criterios, incluso cuando son impopulares.
Algunas pautas concretas:
Hablar antes, no después. La conversación debe darse con anticipación y con claridad.
Fijar límites explícitos. No todo lo que se organiza socialmente es saludable.
Conocer el plan real. Dónde, con quién, quién supervisa.
Ofrecer alternativas. Celebrar no es sinónimo de descontrol.
La adolescencia necesita adultos que marquen bordes. La ausencia de límites no es confianza: es abandono.
¿Prohibir o acompañar?
La respuesta no es simple ni única. Cada familia conoce su contexto y a su hijo. Pero hay un principio innegociable: no se debe naturalizar el consumo excesivo de alcohol en menores.
Si se decide permitir alguna instancia de encuentro, debe haber supervisión responsable y reglas claras. Si se decide no permitirlo, la postura debe explicarse desde el cuidado, no desde el castigo.
El objetivo no es generar miedo, sino conciencia. La verdadera celebración del último año debería centrarse en el logro académico, la amistad y el crecimiento personal, no en una competencia por quién tolera más alcohol.
Un mensaje final para esta semana previa
Estamos a días del inicio de clases. Es el momento oportuno para conversar en casa. No desde la amenaza, sino desde la responsabilidad.
El UPD no define la adolescencia ni el valor de un grupo. Lo que sí marca una diferencia es el acompañamiento adulto coherente y firme.
Cuidar no es exagerar. Cuidar es anticiparse.
Si este tema te preocupa, hablalo hoy. La prevención empieza en casa y antes de que suene el timbre el primer día de clases.
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